He venido pensando en lo efímeros que pueden ser algunos momentos...
Con el paso de los años, ciertos recuerdos comienzan a sentirse como fotografías borrosas guardadas en algún rincón de la memoria.
A veces vuelvo a ellas con nostalgia, con el deseo de querer, con mis cinco sentidos despiertos, habitar ese preciso momento, ese tiempo.
El olor de los lugares,
La mirada que se achina cuando el corazón sonrie,
Esa canción de fondo,
La textura una mano,
El calor del abrazo.
Todo aquello que alguna vez fue presente y que, sin darnos cuenta, se convirtió en recuerdo.
Cuando pinto Retratos, pienso mucho en eso.
Pienso en esos vínculos que construimos día a día, en lo extraordinario que es compartir la vida con alguien.
En las personas que elegimos y que nos eligen o en quienes nos acompañan durante un pedacito del camino...
esos pequeños seres que llegan a nuestra vida para llenarla de pelos, enternecernos el alma y a darnos una
cantidad absurda de amor.
Me conmueve pensar que un instante puede convertirse en una imagen.
Que una familia puede encontrarse nuevamente en un dibujo años después.
Que podemos guardar un pedacito de quienes fuimos, a quienes amamos y de cómo se veía la vida en ese
momento. Eso es lo que encuentro en los retratos - tal vez una pequeña manera de hacerle trampa al sol.
De tomar algo que estaba destinado a pasar y convertirlo en un para siempre .
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